14 diciembre 2005

"Si quieres predecir, mira por encima de tu espalda"

(proberbio Singalés)

Publicado en la revista OJO #2, Universidad Jorge Tadeo Lozano, 1999


Mientras que la velocidad de la luz continúe su acelerado trabajo de compresión sobre el futuro introduciendo un nuevo criterio sobre la calidad que puedan tener las duraciones, podremos decir que todo tiempo pasado no fue "mejor", sino más lento.

Ahora, en lo que al ejercicio del arte corresponde, en un futuro muy cercano la discusión que enfrentó el arte culto al arte popular carecerá ya por completo de sentido; resultará evidente que siempre manejaron los mismos contenidos y que la función contextual que los diferenciaba (alto/bajo, adentro/afuera) queda en adelante aniquilada y dispersa. La diferencia entre traducir las cosas en arte y disolver el arte en las cosas, se resolverá sin duda a favor de lo segundo. Y si "el espectador es quien hace la obra", la actividad artística, al no poder ya diferenciarse en cuanto oficio específico, desaparece en el preciso momento en que todos resultemos artistas sin saberlo.

¿Estudiar? Estudiar no es la palabra. Al aire y en la luz, como cualquier pintor impresionista, aprenderemos al vaivén intermitente de los asuntos esporádicos y aunque lleguemos a conocer muchas cosas no sabremos en realidad casi nada pues la cantidad abrumadora no podrá depositarse en ninguna conclusión. Como dijo Laforgue, con acento disipado: “¡Oh Canaán /la nada y nomás! / ¡La Nada: la Meca / de las bibliotecas!”.

Lo de las escuelas entonces (sean de arte o de las otras) será un servicio social invisible, simbiótico y subliminal ofrecido por la Red. Y la Red será todo. Como cualquier Adán flotando en la Sixtina, con un clic de presencia al alcance de la mano, nuestra raza, por primera vez en la historia, comenzará a secretar un hilo transparente directamente del ombligo.

Al mismo tiempo, en un amplio gesto terapéutico copiado de la antigua alfarería, los museos reproducirán con éxito inaudito sus colecciones escultóricas poniéndolas a disposición de multitudes fascinadas por el tacto, el más realista de los sentidos inmediatos. La pintura en cambio, más fantasmagórica, subyugada subliminalmente desde el siglo XIX por el mito científico y electrizante de Frankenstein (el "hágalo usted mismo" actualizado por el collage y el photoshop), aparece entregada como siempre a la mezcla del repertorio total de sus imágenes. Variante disoluta y juguetona del Museo Imaginario preconizado por Malraux: es decir, Las Meninas con cualquiera en el lugar del pintor y la foto de la cédula reflejada en el espejo de los reyes.

A tanta maravilla, se opondrá sin embargo lo primario, lo caótico, lo nuestro. Y como las ciudades continuarán reexportando sus fatigadas migraciones hacia el campo recuperando la vida campesina en aplicaciones alimentadas por energía solar, Colombia, catalogada antes peyorativamente como dysfunctional country, será más que nunca un territorio natural disponible a la insaciable sed plasmática del decaimiento europeo.

En otros lados, y aunque frente al mapa de todos los espectros flotantes ya no importen igual las geografías, la disposición común al cambio será cada día más cierta: Los japoneses que sobrevivan al terremoto vivirán en Nueva Atlántida (territorio emergido a la izquierda de Vancouver) quedando de este modo mucho más cerca a Seatle. Los rusos, obedeciendo a su espíritu campestre, se habrán convertido en la primera nación subterránea en vivir felizmente (como topos) junto a los intraterrestres. Los alemanes, obviamente, se convertirán en judíos, y los judíos en musulmanes; y la Meca, satélite forrado en oscura porcelana, hará que sus fieles, cual derviches danzantes, se inclinen en todas las direcciones de su órbita. El Vaticano, en cambio, seguirá siendo el soberbio museo dedicado a la memoria de las proezas compartidas por el Padre y por el Hijo, ya que el Espíritu Santo habrá de ser adoptado planetariamente como 'tercer elemento', referente ultraliviano de los luminosos tiempos nuevos.

¿Tocará entonces protegerse, desconectarse literalmente, aislarse en parcelas de silencio como compensación a un mundo eminente y frenéticamente comunicativo? ¿Inventaremos un arte en pausa permanente, lento y suspendido como un apagón?


"Capacidades innatas"

Sin necesidad de cortina o escenario, una vez transladado el habitual espectáculo artístico a la esfera zumbante y ubicua de las diversidades simultáneas, la relación potencial de esta actividad con otras disciplinas encontrará seguramente numerosos puntos de contacto. Extensa zona franca cuya licencia poética (por siempre vigente) armonice el libre tráfico de todo tipo de lenguajes e influencias.

Buckminster Fuller, diseñador visionario conocido popularmente por su domo geodésico (la más amplia y liviana de las estructuras hasta entonces producidas por el hombre), pensó sencillamente cuando dijo que “los artistas son los seres humanos cuya comprensividad no fue mutilada por las costumbres educacionales bienintencionadas pero ignorantes de la sociedad”. El creía que “la capacidad conceptual con que los artistas formulan intuitivamente la novedad en desarrollo mediante coordinaciones subconcientes, es de tremenda importancia”, agregando entusiasmado, como quien despeja la ecuación, “No me sorprendería que la más grande noticia del futuro sea que los artistas que mejor aprecian y conservan nuestras capacidades innatas han ascendido por aclamación al liderazgo de esta nueva era del hombre sobre la tierra.”

Suena atractivo, pero... ¿la responsabilidad asumida no acabará por conflictuar seriamente aquello de las "capacidades innatas"?

Profetas y poetas, McLuhan y Ezra Pound veían igualmente al artista como "un radar de la época", un “sistema de alarma temprano que anticipa los cambios mucho antes de que el hombre corriente sospeche que algo ha cambiado.” Sin embargo, como declaró suspicazmente Windham Lewis a propósito del papel del artista civilizado, este servicio, en últimas, tendría que ver con “evitar que nos adaptemos”. Estrategia de supervivencia indirecta que McLuhan identificaría luego como un "contraambiente" y que las instituciones, naturalmente, se resistirán a incorporar.

De todos modos, frente a estas declaraciones más bien optimistas, la idea sensata y desafiante del filósofo Wittgenstein de que “La desaparición de las artes no justifica un juicio desfavorable sobre una humanidad, ya que las naturalezas auténticas y fuertes se desvían precisamente en esta época del terreno de las artes y se vuelven hacia otras cosas, y el valor del individuo se expresa de alguna manera”, es algo que nos deja resonando el “valor del individuo” en una oreja, y en la otra, “otras cosas”.

Como puede verse, la cuestión es compleja.


¡Fun, fun, fun... functionality!

Cada vez más cerca a Dios en emotiva impostación recreativa, jugando con planetas como si fueran pelotas, algunos científicos pretenden reproducir la totalidad de la biosfera (naturaleza) para implantarla en Europa (uno de los satélites de Júpiter).

¿Será entonces que la invención, metáfora creativa de las soluciones científicas, ha desplazado la creación introspectiva característica de las propuestas esencialmente simbólicas de los artistas? ¿Porqué será que el único Nobel en este sentido es el de Literatura, reconociendo el valor instrumental del discurso entre las tribus en detrimento de lenguajes inconcientes ya no tan ejemplares?

El entusiasmo, la bandera, el impulso libertario recogido por los norteamericanos -pueblo adrenalínico como el que más, declaradamente evolucionista y darwiniano- indica que todo puede mejorarse: ¿la pizza italiana? (más gruesa la pasta); ¿el agua Perrier? (con sabor a lima); ¿la gente? (genotype choice) selección del genotipo: que los padres conciban a sus hijos, ya que todos somos artistas...

Y si en el Palace of Living Arts de Buena Park, existe una versión ‘original’ de la Venus de Milo, rubia y bronceada, con los brazos completos (el derecho recogiendo su túnica, el izquierdo apoyado en la columna), no es raro que con una superior tecnología logren clonar el Apolo de Belvedere (su contraparte masculina) en un desflogisticado silicato de berilio, o cualquier otra substancia superiormente inédita, con todas sus partes naturalmente corregidas y aumentadas.

Afortunadamente, y a pesar de que "es mejor un diablo viejo que un dios nuevo", toda sorpresa vendrá amortiguada por hibridaciones diversas, a las cuales, cuestión de tolerancia, nos iremos acostumbrando poco a poco. No importa que terminemos siendo invertebrados, pues como dice la ciencia, son los accidentes numéricos los que hacen la vida posible.

Según ofrece un aviso: play each movie (ponga cada película) again and again (una y otra vez) until all your worst nightmares (hasta que todas sus peores pesadillas) come true (se hagan realidad).


El Oniromax!

Pero... ¿Y si la ciencia colabora, si la función de lo sublime apenas comienza y en el arte SÍ hay progreso? ¿Qué hay del aparato que nos ayude a verificar aquello que creía Heráclito cuando dijo que “los que duermen habitan mundos separados y los que están despiertos el mismo”?

¿Qué consecuencias comunicativas traería la destreza tecnológica que conecte las imaginaciones de nuestro pensamiento inconciente a la piel fosforescente de las pantallas eléctricas? ¿No había acaso, por los setenta, una persona (Ted Serios) que podía imprimir sus imágenes mentales sobre una placa fotográfica?

El increíble Oniromax ! ...Literalmente, grabaciones de ensueño. Inconciencia cotidiana a flor de piel capturada directamente sobre el forro de su almohada.

Al comienzo, algunos no querrán someter su neurona a la oscilación escalofriante del espectáculo verdadero, pero, ¿quién no quiere verlo? ¿cuál secreto agobiante, cuál psicología indagatoria se resistirá al striptease integral de las ensoñaciones evasivas? Una invención como esta, que devele y exponga los escenarios guardados en todas las discreciones de lo íntimo con su natural y extraordinario desvarío, traería sin lugar a dudas una revolución mediumínica ante la cual palidecería la que estamos viviendo. Pues, como dicen los que saben, "una vez aparece la herramienta, ella redefine el mundo, y eso no puede deshacerse".

Si el arte ha nutrido desde siempre el arsenal de las visiones humanas con imágenes traducidas en técnicas diversas (carbón, poema, gesto, canción, fotografía...), ¿no será esta la proyección más popular, el arte más casero y esencial de toda ‘cinematografía’?

¿A dónde quieres ir hoy?
(slogan de Microsoft)

Como una conclusión premonitoria a las contradicciones que estamos calculando, digamos que la máxima aceleración, finalmente obtenida, se topará con una especie de pared legendaria infinitesimalmente oscura sobre la cual, como en el tenis, se invertirá el proceso en un rebote mágico, tangible e irreal. Evento científico, espiritual y muy extraño, conocido como SMDS, slow movement depression site (lugar depresivo en cámara lenta, o tirabuzón descargado de todos los anhelos) en donde el tiempo, así como los polos, oriente y occidente, lo dulce y lo salado, lo tuyo y lo mío (pues en el fondo y en la superficie obedecen todos a un mismo fenómeno) recibe un cambio súbito en su rutinaria dirección espacial. Por así decirlo, el futuro se sentará helicoidalmente atrás y el pasado adelante, aunque en realidad esten "giroscopando".

Así, suspendida, emocional y apresuradamente lentos (festina lente como dijeron los antíguos) recorreremos todas las épocas hacia nuestro destino original. Allí donde nos espera el reflejo, la criatura acurrucada en su caverna: un hombre raro y descuidado como una vírgen harapienta a quien se le aparece como pan de cada día, el más puro, completo y suficiente de los enigmas arcáicos.

Estado innombrable, jamás duplicado en la historia de los estados civiles.