14 marzo 2006

Amarillismos

PROGRAMA (TV): ESPECIALES - HECHOS Y PERSONAJES

FECHA DESGLOSE: 2 abril 1999
TEMA: AMARILLISMO
ENTREVISTADO: Mauricio Cruz (director de exeomo.com)
ENTREVISTADOR: René Ospitia


(Edición del 15 de marzo de 2006)









The Yellow Kid, registro del copyright por R. F. Outcault


(transcripción)

RO: Mauricio si uno intentara hacer una definición de amarillismo ¿qué sería el amarillismo?

MC: Las palabras cambian de sentido con el tiempo, se transforman, y al amarillismo le pasó igual. Cuando se habla de amarillismo (y según entiendo este programa es una especie de pretexto para abordar este tema a partir del tratamiento que se le dió a la información con lo del terremoto de Armenia) lo que vemos aparecer es una noción inmediata de amarillismo. Pero el amarillismo tiene una historia muy interesante. Porqué ese color, de dónde sale.

El amarillismo es algo que comienza en 1895 con un personaje de una tira cómica (según dicen, la primera tira cómica que se publicó en los periódicos), The Yellow Kid, “El Chico Amarillo”. Invención de Richard Felton Outcault, un dibujante que había contratado Thomas Alva Edison para sus giras y que luego trabajó en algunos periódicos de Nueva York donde había ya una gran competencia en términos masivos por captar la atención. De ahi que utilicen, entre otros, el atractivo popular -históricamente muy significativo- de los comics.

La historieta de Outcault, inicialmente reproducida en blanco y negro, se convirtió en un fenómeno imprevisto cuando a alguien se le ocurrió colorear de amarillo la camiseta de un diminuto inmigrante irlandés, uno de los muchachitos que aparecían en el comic cuyo tema era la vida en un barrio muy pobre y popular de Nueva York. El hecho es que fue ese toque mágico lo que lo bautizó como Yellow Kid convirtiéndolo, de paso, en el protagonista. Un personaje que funcionaba perfecto con esa especie de camiseta prestada, una T-shirt (la primera?) que le quedaba enorme y sobre la que aparecian dibujos y textos en una verdadera anticipacion del graffiti redactados en un inglés a medialengua, irreverente e infantil. Lo que no dejaba para nada indiferentes a un par de magnates de la prensa norteamericana como J. Pulitzer (New York World) y R. Hearst (New York Journal) que terminaron enfrentados gracias a que Outcault, que trabajaba primero con Pulitzer, comienza a hacerlo con Hearst desatando una verdadera batalla legal en la que Pulitzer continúa de todas maneras publicando el Yellow Kid con otro dibujante...

El caso es que todo esto del amarillismo comienza con el Yellow Kid, con el personaje que además, lo que resulta importante en el sentido democrático, tiene sus particularidades: el tono espontáneo, liberador e irreverente, con que el público se puede identificar fácilmente. Y luego viene entonces lo de los "papeles amarillos" o "yellow papers", y al final, lo que conocemos propiamente como “amarillismo” o "periodismo amarillista”: el sensacionalismo obtenido a partir de una cierta superficialidad editorial. Pues lo que hay en todo esto no es más que una competencia a través de los medios masivos empeñados a fondo en una guerra por llamar la atención.

RO: ¿Actualmente la función del amarillismo cuál sería?

MC: ¿Función?... Lo que sucede es que se utiliza como un recurso fácil para popularizar algo. En el momento en que la información es un producto, entonces hay que vendérselo a la mayor cantidad de personas acudiendo a estándares emocionales que traducen la información en consumo masivo.

RO: ¿A qué le llamamos amarillismo. Desde el punto de vista visual a qué se le está dando ese calificativo?

MC: El problema del amarillismo no es que sea "amarillista", una palabra que siempre se utiliza de modo peyorativo. Personalmente creo que es un fenómeno muy interesante que tiene sus matices, mejor dicho, que existen varios tonos de amarillo. En últimas, creo que es algo que está sub-utilizado, que hay algo socialmente importante en el tipo de información que arrastra el amarillismo con sus nociones más o menos ocultas sobre el transfondo de lo popular. Una historia que está siempre 'a punto de contarse' pero que termina interceptada por una cantidad de eufemismos, de juegos indirectos alrededor de un tabú. Es decir, por manipulaciones del "capital informativo" o repositorio emocional de las culturas. Un contenido, como sabemos, que puede ser utilizado de muchas maneras.

En cuanto al terremoto de Armenia, no hay duda de que se trata de un evento natural importante. El hecho de que haya temblado es apenas el pretexto para la cantidad de historias que la tragedia literalmente reactiva, que hace brotar de la tierra. De ahi la voracidad periodística. Sin embargo el cubrimiento resultó deficiente, ordinario, en el sentido de que todo estaba tipificado, de que todo lo que sucedía se degradaba profesional, automáticamente, en una oportunidad de vender el cliché. Algo que se podría explotar a muchos niveles, una ocasión de revelar la diversidad contenida en las historias ocultas puestas a disposición por el azar, y que terminó en la mayoría de los casos como una manipulación del evento, lo que no es otra cosa que un ejemplo de amarillismo negativo. Pero bueno, de todas maneras la conducta y el impulso comunicativo está siempre lleno de automatismos que resulta complicado analizar en este momento.

RO: ¿Qué efectos tiene el amarillismo sobre el rating?

MC: Las dos cosas se pueden identificar. Rating es el índice de la respuesta masiva, el hecho de que haya logrado captar la atención.

RO: ¿Y el rating genera lo que tú has llamado un amarillismo ordinario?

MC: Sí, porque cuando sólo se piensa en el rating se está pensando bajo un formato y una intencion cuantitativa, meramente comercial. Usted está utilizando la información como un producto, no como una serie de eventos y datos que pone a consideración de la gente. Pues no se trata ya tanto de decir qué 'significa' una cosa como de mostrarla bien mostrada. Un asunto nada obvio... De todos modos, ante una actitud apenas comercial yo creo que pueden concebirse negocios mejores, que tengan un márgen más amplio de "rentabilidad", de efecto, penetración o respuesta.

RO: ¿Qué sería un amarillismo no ordinario?

MC: Un amarillismo no ordinario consistiría tal vez en la adecuada fusión del arte culto y el arte popular. Cuando logra entenderse que las dos cosas son la misma cosa y que por lo tanto puede encontrarse un lenguaje intermedio. En ese sentido, podríamos llegar a hablar de un amarillismo legítimo, ya que en últimas el amarillismo representa una vox populi, una necesidad interceptada por estructuras de poder.

Lo mismo que sucede con las instituciones culturales, que pueden también percibirse como una serie de filtros diseñados, deliberada o inconcientemente, para evitar que la información importante le llegue a la gente. Todo un sistema para “rendir el vino en agua”, para evitar la embriaguez.

RO: ¿Qué consecuencia tiene el amarillismo ordinario sobre las personas?

MC: Pues las mismas consecuencias que tiene la alimentación de mala calidad. El problema es nutricional. Si usted come mal, se convierte en una persona de mala calidad, el pelo se le vuelve de acrílico, le pasan cosas raras. Como no está funcionando correctamente, su espíritu decae. El problema de la calidad que pueda tener la información ambiental, el “alimento para la mente”. El amarillismo de tono positivo, en cambio, podria resultar más saludable en cuanto sugiere una conexión más directa, más cerca a 'las fuentes'.

RO: El amarillismo es un intento por volver a recuperar la emoción en la noticia, ¿es eso cierto?

MC: Yo no creo que el amarillismo quiera volver a recuperar la emoción, el amarillismo utiliza la emoción.

RO: Desde el punto de vista de cubrimiento de la noticia ¿cómo sería ese cubrimiento con un amarillismo legítimo?

MC: Primero que todo habría que educar a los periodistas ... Paradójicamente, para hacer un amarillismo como toca hay que subir el nivel de la formación de los comunicadores porque lo que hay detrás del amarillismo es lo mismo que está involucrado en todos los problemas actuales: la eficacia concreta que puedan tener las políticas sobre educación. Algo parecido a la distribución o servicios del agua y la energía eléctrica. Es claro que la educación no es un problema exclusivo de los colegios o las universidades sino un problema sobre todo ambiental.

RO: Fundamentalmente ¿cuál fue la información que se mostró en el cubrimiento de Armenia?

MC: Me sorprendió mucho Yamid Amat (sólo para tipificar un comportamiento periodístico en este personaje). Él insistía con argumentos puramente emotivos diciendo que le parecía “injusto” que la naturaleza se “ensañara contra a esas pobres personas”! Cosa que repetía una y otra vez. Y uno se daba cuenta que era su instinto el que lo lleva a utilizar esa forma de ignorancia. ¿Quién dijo que la naturaleza se ensaña con alguien? Eso no tiene ninguna lógica, absolutamente nada que ver. Eso es algo completamente demagógico, ajeno al evento, y sin embargo lo estaba enfatizando 'profesionalmente' como una astucia periodística en perfecta consonancia con su sensibilidad. Claro, sólo para proponer el juego colectivo de una conmiseración general, de una victimación que se resume diciendo: “¡Qué espectáculo. La madre naturaleza, esa cosa que en realidad no conoces, nos está acabando!”... Todo esto mientras las cámaras mostraban otras cosas.

RO: Quisiera que me comentaras algunas tesis que tuvieras sobre la diferencia o similitudes entre los medios que se han mostrado como amarillistas y los medios que se han mostrado como no amarillistas.

MC: El problema de los polos opuestos es que insisten en guardar sus posiciones sin consideraciones intermedias. Como si mantener una posición garantizará una cierta estabilidad de lo real. El amarillismo de El Espacio, por ejemplo, sigue siendo deliberadamente primario, elemental; mientras que el otro polo, el de El Tiempo, Semana, o El Espectador, representa una ‘zona limpia’ que deja suponer niveles superiores de objetividad o veracidad. En últimas, yo no creo en posiciones en blanco y negro. Me parece que hay que matizar y mezclar mucho más, darse cuenta que lo híbrido es la naturaleza que poseen las cosas. Entonces, ni lo uno ni lo otro; los opuestos se deberían retroalimentar mucho más. Mientras que la polarización excesiva lo que alimenta es una esquizofrenia colectiva que determina que ésto es para el pueblo y ésto otro para los ejecutivos. Un contraste, entre otros, muy colombiano.

RO: ¿Por qué es tan atractivo para el ser humano el amarillismo?

MC: Seguramente por curiosidad, por pura necesidad de saber. El ser humano es un enigma para él mismo y quiere explorarse, confrontar a un mismo tiempo el placer y el terror. Es como tener un espejo para verse por detrás mientras se mira de frente.

RO: ¿Qué diferencias hay entre Armero y Armenia?

MC: No sé, de pronto uno no discrimina de la misma manera que los periodistas. Lo que uno hace es más un paneo general: aquí está tal cosa, aquí están haciendo tal otra, y aquí ésta, otra vez... ¿Qué es lo que habría detrás del periodismo, de su distorsión profesional? De pronto algo que podríamos llamar una estética promedio, ya que siempre tienden a utilizar los mismos recursos, las mismas respuestas emotivas. ¿No ha notado que utilizan para todo a Carmina Burana? Ese tipo de consenso fácil, predecible, de pura adrenalina. Y no estoy sugiriendo que sea una obra deficiente, para nada. De pronto es que la urgencia emotiva solicitada por lo actual, lo inmediato, los hace manejar todo con gran velocidad, sin digesión suficiente. Asi y todo en lo de Armenia se veían algunas actitudes más equilibradas mientras que la mayoría simplemente explotaba el asunto.

Obviamente, cuando sucede una tragedia de estas, un evento de esta magnitud, todo el mundo quiere capitalizarlo de alguna manera. Uno veía por ejemplo a los políticos y los órganos de información que utilizan asumiendo de entrada un sesgo concreto con el objeto de amplificar socialmente su participación. Y los periodistas entran a competir ahí mismo, con gran velocidad, siempre más preocupados por lo que hace el rival o el colega que por lo que está sucediendo, pues la ‘realidad’ no es más que un pretexto para una película x que termina por superponerse al evento. Mientras que uno se dedica a mirar cómo es que se comportan los medios, tratando de adivinar a qué es lo que están jugando en cada momento.

De todos modos, lo que pasa cuando algo sucede es algo que no tiene mucho que ver con lo que uno cree que está sucediendo... Será por eso que el arte finalmente resulta importante.
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