13 marzo 2006

¿Cómo hacer ver el fantasma sin tener que dibujar la sábana ?

Exposición / Galería Santafé, Planetario de Bogotá, Oct. 1996

“el dibujo según...”
(texto en el catálogo)

MCA, Las lineas de la mano, 1996
La invitación a la exposición Partituras para un viaje, “el dibujo según...” me puso a pensar qué podría llegar a ser un dibujo (sin que lo fuera). Y como podemos llegar a creer que eso del dibujo tiene que ver con casi todo, terminé por proponer el objeto en el que estaba trabajando: algo que mezcla lo pictórico, lo objetual y lo verbal sobre una pantalla de TV.

Los elementos involucrados, las letras de plástico pegadas con óleo blanco sobre la superficie de madera pintada de negro, sugerían entonces un tipo de dibujo basado en una vibración invisible, microscópica (mucho más en el punto que en la línea) en donde la descripción efectuada ya no es de objetos sino de esencias, literalmente: nombres de substancias químicas, esencia de trementina, lluvia de electrones, vibración, incandescencia... Es decir, un dibujo con puntos cuyo comportamiento produciria una forma sin bordes, porosa, disipada. Como si poniéndose en fila unos al lado de otros pudieran igualmente "dibujar", describiendo una serie de trayectos que evolucionen en toda una serie de movimientos a través del espacio. Pero también podría suceder que no necesiten hacer fila para hacerlo, que pudieran dibujar en su punto, in situ, en su lugar. En este caso la relación entre ellos sería de vibración, de resonancia, casi una cuestión musical. Algo entre gaseoso y eléctrico, con ese aspecto característico de color vaporoso que irradian los tubos de neón.

El punto es algo mínimo, microscópico, ideal; algo que remite a lo más íntimo de la composición de las cosas. Seurat lo evidenciaba en sus trabajos “puntillistas” como una anticipación a la pantalla granulada de la Televisión (algo que comienza con los impresionistas y sus cuadros 'emisores' de luz). Como los vitrales, como el monitor atravesado por la luz, el cuadro deja de ser una ventana por la que uno se asoma al mundo exterior para convertirse en la superficie que lo emite. Un mundo por asi decirlo, "re-introspectado", editado en imágenes, sonidos, palabras... Un baile espectral para flujos de lenguaje.

A comienzos de siglo Einstein propone que el espacio no es meramente tridimensional y que el tiempo no es una entidad separada, que en realidad están íntimamente conectados formando un contínuo cuatridimensional espacio-tiempo. La consecuencia más importante, según dicen, es que la masa no es más que una forma de energía, “una cantidad dinámica asociada con actividad o con procesos”. Otra constatación, una más, de que las cosas son siempre otras cosas. De ahi que la perspectiva del Renacimiento, tal y como lo reconoce el arte moderno, ya no sirva para la descripción del universo relativista. Y así como los físicos actuales se ocupan mayormente del mundo sub-atómico -de la incertidumbre de sus reglas- los artistas se permiten explorar intuitivamente un campo de transformaciones más allá (o más acá) del mundo sensorial. La idea de lo que puede ser un "dibujo" surge entonces de un nuevo tipo de experiencia imaginaria, de las adaptaciones o transformaciones del lenguaje habitual, de lo que acostumbramos a entender por eso.

En nuestro caso, el formato característico de la pantalla de TV corresponde, en su reconocible, dibujable silueta, a las formas del universo sensorial. Sin embargo lo que ocurre ahí adentro ya no es del mismo orden. Si queremos representar plásticamente lo que sucede en ese lugar tenemos que acudir a otros medios.

(Actualización, Octubre 16 del 2000)
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Anexo 1 :
Kriptonita, frotage acuarelado sobre papel de arroz japonés
utilizando la pantalla como un
instrumento para dibujar











(click en la imagen)


Anexo 2 :
Tercera exposición en la que ha participado.
La primera fue en el Planetario, y la segunda en Sextante