22 marzo 2007

Being Digital (de Nicholas Negroponte)



Publicado en el MAGAZIN DOMINICAL de El Espectador #702 (27.10.96)

*reseña
“El autor fundó y dirige desde 1985 el Laboratorio de Medios (Media Lab) del Massachusetts Institute of Technology (MIT)... el mayor y más importante instituto de estudios e investigación interdisciplinaria de futuras formas de comunicación... Su libro ha sido traducido a doce idiomas y es un best-seller en los Estados Unidos y Europa.”

Así y todo, y a pesar de que el asunto de los bits es el punto básico en cuanto unidad irreductible del lenguaje electrónico binario, Being Digital, el libro de Negroponte, una entusiasta y sorprendente relación de las proezas tecnológicas de esos bichos que se mueven a la velocidad de la luz, va produciendo a lo largo de su lectura un fastidio generalizado seguido de una objeción muy precisa: ¿Cómo es que a medida que el confort, esa especie de cielo funcional, avanza, las personas directamente involucradas en su desarrollo van haciéndose cada vez más declaradamente simplistas e ignorantes ?

Si utilizo el plural es porque el caso Negroponte me hace pensar en Spielberg y en toda esa mentalidad norteamericana basada en la política comunicativa de que el lugar común, sea cual sea el asunto, vende más. Personajes como Carl Sagan -monaguillo de la cruzada científica- respaldan igualmente esa fe en los dividendos de un mundo cada vez más limpio y más blanco, mientras se resisten a reconocer y aceptar el mugre natural de unas condiciones humanas tan fundamentales como pueden ser los bits de información.

En el capítulo titulado En lugar de disecar una rana, construya una, comienza diciendo: “La mayoría de los niños estadounidenses no saben cuál es la diferencia entre los países del Báltico y de los Balcanes, ni quiénes fueron los Visigodos, o en qué época vivió Luis XIV. ¿Y qué ? ¿Se trata acaso de algo tan importante ? ¿Sabía usted que Reno está al oeste de Los Angeles ?”... Detrás del evidente espíritu práctico, y a pesar de las equívocas argumentaciones educativas que expone a continuación, el complejo de inferioridad del estadounidense promedio con respecto a culturas verdaderamente cultas como la francesa o la japonesa, busca evadirse en la positivista filosofía doméstica adoptada como argumento único de fondo: “... jugando con la información, en especial con temas abstractos, el material cobra mayor significado ... Y, !Oh maravilla !, mi hijo, de pronto, supo como sumar mentalmente cifras de tres o más dígitos. La razón era que habían dejado de ser números abstractos, carentes de significado, para convertirse en dólares que estaban relacionados con comprar y hacer cosas.”

Ejemplos de este tipo abundan en su libro entremezclados con sorpresas tecnológicas de primer orden, lo que lo justifica ampliamente en términos didácticos, pues no se trata, en lo más mínimo, de minimizar su importancia. Pero si lo que se busca es iniciarse en la trama de las implicaciones de los medios en la vida actual con todos sus matices, recomiendo un regreso a McLuhan en cuanto a imaginación, penetración y calidad humanística.

Negroponte, en todo un despliegue -no exento de rústica vanidad- termina necesariamente por afrontar el tabú camuflado en todo tecnócrata: sus predicciones sobre el arte del futuro -ya que el del pasado, para él, posee el mismo estatus de “un determinado vino Chardonnay o una cierta marca de cerveza”. Del mismo modo que para Bill Gates, los "misterios del arte" son el muro invisible con el que se topa finalmente el entusiasmo materialista proyectando ahí mismo la inocencia de un mundo dominical, meramente divertido, en donde “el límite entre el trabajo y el juego se irá diluyendo”, pues, “todo lo que importaba era ser un niño”.

... Si Nicholas, sí: eso es bueno, sano, y deseable. Pero, si seguimos así, ¿qué ejemplo le vamos a dar a nuestros robots ?

---

Anexos:

1. Entrevista en la revista Wired con Negroponte.

2. Aventuras de un computador de manivela: The Laptop Crusade. Y también http://www.laptop.org el sitio oficial del proyecto.








...

09 febrero 2007

Sobre el "estado de las artes" en la Universidad



Publicado en la revista ESTRATEGIA Económica y Financiera -Dic 15 de 1995


















Si la Universidad representa las ideas de la sociedad a la cual pertenece, hablar de ARTE en la UNIVERSIDAD nos ofrece una medida de cómo se asimila y entiende.

Asimilación que puede ir de lo perfectamente evidente a lo tácitamente irrelevante, todo poque la actividad que el arte supone se percibe como portadora de una 'diferencia incalculable' frente al sentido funcional que justifica plenamente las otras disciplinas. Una actividad prestigiosa, es cierto (más bien suntuaria), que no se considera más allá de un gracioso ornamento del saber y no como un fundamento del mismo.

Si pensamos en la idea popular que se tiene de la Historia del Arte, ésta consiste en un compendio increíble de estilos (cuando se piensa en la antigüedad) y en una desafiante sucesión de movimientos (cuando de arte moderno se trata). En cuanto se relaciona estrechamente con la idea de VALOR, un Arte con mayúscula, la primera se postula como un hecho cumplido por fuera del alcance de la crítica. La segunda, en cambio, propone el artista moderno como una especie de héroe en solitario (sin iglesia y sin monarca) cuya única opción consiste en imponer sus visiones sobre la capacidad de comprensión de sus contemporáneos. Es así como del personaje Leonardo pasamos al caso Van Gogh en lo que tienen de más característico. Como si al artista del siglo XX le correspondiera adoptar el papel oscuro, no solicitado, de explorar las necesidades subterráneas de su época.

Por otra parte, es una simple constatación el darse cuenta que la historia del arte es también la historia de sus redefiniciones en ajuste constante al imperativo social y al tipo de poder que prevalece. En este sentido, la historia nos muestra cómo la práctica artística fue pasando de unos oficios mecánicos, propios del régimen artesanal corporativo en la edad media, a un régimen de artes liberales (1793) donde el artista individual adopta un estatus cada vez más autónomo llegando a disponer, en los dos últimos siglos, de una diversidad ilimitada de medios, sobre todo a partir de la fotografía y el collage en el cubismo. Con la consecuencia de que el oficio tradicional, representado en los paradigmas de la pintura y la escultura, se ha ido expandiendo a lo que podríamos llamar un oficio posible, que como su nombre lo indica no puede transmitirse de antemano.

Lewis Carroll - La Caza del Snark (fragmento)
En esta perspectiva, al no ser ya el oficio normativo lo que determina y califica el hecho artístico, lo que constituye todo proceso creativo no podría ser otra cosa que un PENSAMIENTO ARTÍSTICO, especie de ciencia–poética–intuitiva que se erige como paradigma o común denominador de todos los oficios posibles, cuya forma particular de pensamiento (diferente a la filosofía y la ciencia) enfatiza lo mental/imaginario sobre las destrezas manuales, donde las técnicas surgen de las ideas que corresponden a sus medios.

Según McLuhan, “el artista es la única persona en la cultura cuya tarea es volver a entrenar y poner al día la sensibilidad. Su tarea ha sido la de informar sobre la naturaleza del fondo al explorar las formas de sensibilidad que cada nuevo fondo o modo de cultura ponen disponibles, mucho antes que el hombre corriente sospeche que algo ha cambiado (…) como mediador cultural el rol del artista es mantener a la comunidad en relación consciente con el fondo cambiante y oculto de sus objetivos preferidos.”

Sin embargo, esta disposición exploratoria que el Arte representa no ha logrado inscribirse con claridad y autonomía suficiente en la institucionalidad académica. Si bien ha habido un reconocimiento tangencial a la ubicuidad y el impacto significativo sobre el tejido cultural que poseen las imágenes, está por atenderse la función integradora de sus formas simbólicas al momento de interceptar las otras profesiones como mediador o conector interdisciplinario.

A partir de la fragmentación que caracteriza los modelos profesionales (especializados) los programas educativos han padecido una asimetría notable. El resultado es un desequilibrio entre lo personal intuitivo y lo impersonal racional, enfatizado éste último en un mundo cada vez más acelerado y complejo cuando lo que se requiere es una educación integral, más imaginativa y abierta, capaz de afrontar situaciones imprevistas, diversas.

Tony Cragg - Loco, 1988
Paralelo al acelerado desarrollo tecnológico a lo largo del siglo XIX, el Arte ha venido registrando una serie de transformaciones subliminales, profundas. Si la sociedad no lo 'entiende', es porque 'habla' un lenguaje no-verbal que la conciencia letrada, propia de la educación convencional, no favorece. El no reconocerse en los artefactos e imágenes que el arte le ofrece, delata una forma de resistencia cognitiva señal de una profunda división con respecto a sí misma, donde la interioridad memoriosa –el archivo total, depositario de una tradición espiritual o conocimiento inconsciente– comienza a quedar por fuera de su alcance, con el desarraigo y confusión identitaria que esto conlleva. 

En su ensayo de 1919, Tradición y Talento Individual, T. S. Eliot consideró la totalidad del lenguaje y la cultura como un fondo unificado con el que tenía que relacionarse el individuo. Según McLuhan, Eliot resaltó el punto de vista de que “toda forma de arte, desde Homero hasta el presente, formaba un órden simultáneo y que la nueva experiencia motivaba, renovaba y recuperaba este orden en forma perpetua”. Su enfoque simbolista del lenguaje, el arte y la comunicación está muy bien indicado en su celebrada definición del sentido histórico en la poesía: “Los monumentos existentes –las grandes obras- forman un orden ideal entre sí que se ve modificado por la introducción de las nuevas (realmente nuevas) obras de arte entre ellos. El orden existente está completo antes de que llegue el nuevo trabajo; ya que para que el órden persista después de sobrevenir la novedad, todo el orden existente debe ser alterado, aunque sea muy levemente; y asi se ajustan las relaciones, proporciones y valores de cada obra de arte en relación con el todo. Y esto es conformidad entre lo viejo y lo nuevo.”

Cada obra “realmente nueva” lo que hace es proponer un ajuste que convierte los objetos en procesos, dinamizando la información en un reciclaje de combinaciones productivas. La idea de Eliot, al tiempo que extiende en todas direcciones el poder de lo creativo, posee el mérito de recuperar la conectividad con el pasado de modo que lo individual a su vez se dimensiona en un juego amplio de reciprocidades.

En The Book of Tea, Okakuro Kakuzo dice : “El presente es la infinitud en movimiento, la legítima esfera de lo relativo. La relatividad busca ajuste : el ajuste es arte. El arte de la vida yace en un constante reajuste a lo que nos rodea.”

Lo universal, esa universitaria palabra, podría tal vez encontrar, gracias a las aplicaciones de un pensamiento artístico integral, inclusivo (y no excluyente, como propone la novedosa tradición de la ruptura), el cumplimiento de una excelencia : The state of the arts, o el 'estado de las artes' en la universidad, como señal de que la cosa funciona.

---


 

Notas:

1. Algunas de las ideas aquí expresadas se desarrollan en Implicaciones de un Oficio Estallado, artículo publicado en este mismo blog, donde se confrontan modelos educativos para programas de arte.

2. Como un complemento indirecto, mi traducción de The Agenbite of Outwit -texto seminal de las ideas de McLuhan.

3. También puede encontrarse aqui un comentario crítico del ensayo de Eliot.

4. El artículo Fron YouTube to YouNiversity publicado en el weblog oficial de Henry Jenkins, profesor de MIT, actualiza y desarrolla aspectos pertinentes.

The modern university should work not by defining fields of study but by removing obstacles so that knowledge can circulate and be reconfigured in new ways. For media studies, that means taking down walls that separate the study of different media, that block off full collaboration between students, that make it difficult to combine theory and practice, and that isolate academic research from the larger public conversations about media change.


---

29 enero 2007

Roma, New York, http://www.planetitaly.com



Publicado en el MAGAZIN DOMINICAL de El Espectador #698 (29.06.96)

















 

I

Si pudieramos volar sobre el mapa de la historia como si fuera un territorio real, podría verse el Renacimiento, allá abajo, extendiendose como una mancha 'azul mediterráneo'  desde las ciudades italianas hacia el continente europeo. Luego, como una paloma, descenderiamos velozmente a Roma, centro de la cristiandad, como un Espíritu Santo en busca de su Santa Sede. Y como de 'turismo' se trata, el destino más preciso no puede ser otro que la Capilla Sixtina.

La paloma, una vez allí se deslizaría volando por alguna ventana entreabierta hacia el centro de la bóveda alucinada donde aparece la paradigmática escena, La Creación de Adán imaginada por Miguel Angel donde un Adán reclinado y un Dios Padre muy raudo y volátil acercan sus manos dejando por siempre en suspenso el intervalo insalvable y brevísimo entre sus índices respectivos. Como si una chizpa invisible se adjudicara el enigma central del proceso creativo. En otras palabras, que toda esa idea del arte religioso, con sus descomunales proezas de nubes, colores, aureolas, y toda clase de figuras flotantes, termina girando paradójicamente alrededor de un pequeño espacio vacio, haciendo de la representación, en todo su despliegue, el glorioso marco barroco de lo irrepresentable.


II

Cuatrocientos cuarenta y dos años más tarde, la célebre escena reaparece simplificada hacia su máximo efecto. Pintada con aerosol a la manera graffiti sobre unos vagones del metro de Nueva York, la imagen ha sufrido una 'profunda' transformación. El cambio de contexto -de la sacrosanta Sixtina y sus aireadas regiones celestes a las densas y apretadas profundidades del subway- termina por invertir de manera radical el principio trascendente: en vez de subir, bajamos; del ave pasamos a la serpiente.

Las manos, en esta versión, aparecen estigmatizadas como si se las hubiera tatuado sobre el costado de un dragón metálico. El mágico intervalo que señalaba su distancia, ahora funciona instalado mecánicamente en unas puertas que al abrirse y cerrarse, activan en intermitencia el resultado del gesto creativo: engendrando y devorando millares de seres que brotan y desaparecen como conejos de un oscuro cubilete de mago industrial, cuantitaivo.

El gesto tiene firma, declaración gráfica, sello: Freedom, subrayado con alas y aureola, pero no por un artista conocido, sino por grafiteros que rondan las profundidades del subconciente urbano, colectivo. Formulando de paso dos preguntas en sencilla e intrigante secuencia: ¿Qué es arte? –¿Por qué es arte? Y no por que la pregunta sea nueva (una inquietud que asedia el arte moderno desde sus comienzos, hacia la segunda mitad del diecinueve), sino por la precisión novedosa con que articulan los elementos de su puesta en escena: la imagen reciclada, el lugar y el soporte en relación al público, las implicaciones del texto, la firma, etc. Toda una estrategia de comunicación intuitiva, condensada.


III

Wired es una conocida revista sobre tecnología y cultura electrónica. En una de sus páginas, Miguel Angel regresa esta vez camuflado bajo otro tratamiento. Adán ocupa la escena protagónicamente frente a un Dios padre menos creible y presente. De todos modos el famoso intervalo permanece, más no intacto; en su lugar, la aguja de una cúpula (San Pedro en Roma) intercepta el espacio vacio como sutil complemento. En clara disposición de satélite el “pararayos” celeste convierte sus descargas en mensajes, en frecuencias; el aviso de la RAI italiana aparece cruzado por una dirección electrónica.

El lugar de la imagen (capilla o vagón) es ahora una revista, una invitación en pantalla. El emblema renacentista que representa el “acto creativo” transita entonces entre diferentes circunstancias históricas manteniendo su carácter esencial pero diferenciado nítidamente en los soportes que cada época le ofrece. ¿Un simple cambio de medio? Las preguntas en las paredes del metro actualizan enfáticamente el problema de la intencionalidad y el contexto.

La imagen no miente. Del techo de la Sixtina descendió a las profundidades del Metro para subir enseguida aligerada informáticamente (como en cualquier resurrección) indicando de paso todo un proceso histórico verificable. El “intervalo” enigmático entre los dedos humanos pasó de lo suscitativo que caracteriza al relámpago arcaico a la chizpa del motor en las entrañas de la máquina, y luego a la pantalla vibrante, al espacio ubicuo y doméstico de los monitores conectados a la red. De la Biblia pasamos al espacio virtual, cibernético. ¿Cómo vendrá la próxima imagen?

---

Anexos:

a)

Caja de cereal con E.T.
Correspondiendo a la invasión imaginaria del marciano y en substitución de la tradicional figura barbuda del Padre, Spielberg, que es judio, interpreta la angustia moderna producida por su desaparición con una “creación” sacada de su propio bolsillo: el macroencefálico, enano amistoso E.T. (modelado a partir de los rostros de Albert Einstein y el poeta Carl Sandburg). Criatura extraterrestre dotada igualmente de sorprendentes virtudes en la punta del dedo, pero cuya capacidad creativa no le alcanzó para superar el verdadero problema: “Tiene miedo. Está completamente sólo. Y a 3.000.000 años luz de su hogar”, como se anunció originalmente la película en 1982.



Einstein + Sandburg = E.T.
El asunto de a qué o a quién se parece el personaje celeste (en términos de la biografía de Spielberg, la imagen ausente del padre) se resuelve en una amalgama curiosa: 60% de talento poético (Sandburg), 25% de genio científico (Einstein) y un 15% de sapo evolucionista (a la Darwin), en donde el aspecto científico queda significativamente relegado ante la capacidad emotiva de la poesía. En todo caso un producto final 100% estandarizado de acuerdo a su reconocido olfato intuitivo.

b)

Las Guerras de la Evolución,
Time Magazine, aug 15, 2005
Imagen que ilustra perfectamente el dilema candente entre Evolucionistas y Creacionistas. En el ángulo superior derecho, el Dios de la Sixtina señala la frente del chimpancé pensativo sin que logre todavía decidirse si lo hace por cuenta propia (papá Darwin) o por efecto del índice que ilumina creativamente los meandros gelatinosos del pariente selvático.

Como dice el artículo, "La presión por enseñar Diseño Inteligente plantea la pregunta: 'debe Dios tener un lugar en las clases de ciencia?'"


c)

Fotograma de Frankenstein, dirigida
por Kenneth Branagh, 1994
La imagen moderna habilitada por la metáfora científica intuida por Mary Shelley a comienzos del XIX, nos muestra el mismo intervalo, ya no enmarcado por la totalidad bíblica de la historia, sino como un índice subliminal en medio de un experimento realizado en montañas alpinas: El doctor Víctor Frankenstein, después de haber logrado (como Benjamin Franklin) arrebatarle al cielo una pequeña descarga, le pregunta a su novia cómo se siente, y ella, recibiendo de sus dedos el cosquilleo de la chizpa, responde emocionada: “¡Viva!” -Compensación a la pérdida de la madre del obstinado doctor mientras lo daba a luz en el preciso momento en que un árbol caía abatido por un rayo.

d)

Una "tacada" crea figuras
Una ocurrencia espontánea como ésta -un montaje para un concurso de Photoshop donde vemos a Adán a punto de ejecutar una tacada- logra poner en juego elementos simbólicos con precisión insospechada. Norrit, como firma el concursante, sugiere traviesamente que las “bolas” con que nuestro primer padre está involucrado serían las de Dios.

Aparte de la carambola mitológica que alude a la historia de Saturno castrando a su padre Urano -una manera de interpretar el asunto-, el montaje de Adán comenta indirectamente un objeto que hice en Paris en 1983: un marco dorado cuyo espacio central se ha cancelado por completo sobre el cual aparecen, incrustadas, las tres bolas del billar. Las connotaciones del título, Coup-de-queue (golpe de taco; donde queue significa, en francés: taco o billón, cola, miembro viril), así como la forma simultáneamente apretada y receptiva del marco, juegan, entre otras, con la asimilación a los poderes del 'pincel' en 'la pintura'. Es decir, cuando es a Adán a quien le toca.

e)

Y otro avatar:
The New Nokia E 90 Communicator has been recently released in Asia. This phone has more memory, processing power, and features than the average laptop from a few years ago. Steven Ambrose lives with the E 90 and tries to decide what it really is, and what it means for all of us. ... "Simply put I love this phone, more than that, I really use this phone and even better, I think the phone loves me."






...

24 enero 2007

Piezas de 4 dimensiones



Exposición Michael Scheiner Galería Diners, Bogotá -agosto/septiembre de 1997


 Objetos translúcidos. Supuestos matraces, destiladores, probetas, filtros, retortas... Artefactos miméticos dotados de una funcionalidad sugestiva, muy a la manera de los aparatos didácticos que aparecen en las enciclopedias y en los libros de recreaciones científicas del XIX.

En Cámara de aislamiento, una de las 15 piezas expuestas -especie de útero para descargas electrolíticas imaginarias- un alambre de cobre pende al interior de una cápsula vertical, depositando por gravedad una granulación calcinada sobre la concavidad de la forma. En Fuego, las formas ramificadas, al tiempo que aluden a su correspondiente estructura llameante, remiten a la cornamenta de un ciervo o a las divergencias arbóreas del sistema circulatorio. Mientras que Planeando nos presenta un mapa de vidrio quebrado, acuoso y rectangular sobre un fondo de plomo como una carretera de asfalto señalizada por tachuelas -espacio "accidentado" construido entre la distancia abstracta de un mapa y la presencia inmediata, palpable, de un parabrisas destrozado... Un lenguaje construido dialécticamente en la relación transparencia/opacidad, donde la lámina de plomo ofrece en su densidad material la diferencia necesaria a la transparencia del vidrio: dos materiales opuestos cuya plasticidad natural les permite adoptar toda clase de registros y requerimientos. Cuestión de escala, también, como en Oferta y Demanda en donde, si atendemos al título, se fractalizan relaciones de interdependencia económica y vegetativa apoyándose irónicamente en la figura del “pez grande que devora al más chico”, pero que sigue igualmente funcionando a partir de su escueta y suficiente presencia sobre un campo amplio de asociaciones.

Scheiner -Pequeña Gota
 En todos los casos -sobre todo en aquellos donde se exhibe una gran sencillez formal- las esculturas de Michael Scheiner pueden llegar a ser simbólica y psicológicamente bastante complejas. En Pequeña Gota (campana, frasco, falda, seno, cúpula), la superficie espejeante replica el contorno transparente de la superficie desde adentro como si fuera un gran recipiente colmado de mercurio. Lo que resulta ser una lámina, una cáscara de estaño previamente moldeada en yeso. Mucho más cerca se observan diminutas perforaciones que conectan sutilmente ambas superficies (de un lado el agujero real, del otro su reflejo). El contenedor, su silueta envolvente, la plenitud de los reflejos circundantes y el observador incorporado, podrían remitir, siguiendo un amplio juego de analogías, a la contundente figura de la Madona del Parto de Piero della Francesca y las connotaciones hiperbólicas de su maternidad. Como si esta referencia secreta pudiera llegar a confrontarse simultáneamente con la naturalidad desprevenida de una doméstica campana de vidrio protegiendo un imaginario queso blanco.

Jasper Johns, Subway, 1965
Estudio de Modelo podría verse también como un autoretrato construido a partir de dos enigmáticas “islas montañosas” (los codos del artista) que emergen apenas sobre una plataforma. Aquí la idea del iceberg, la relación entre el lado oculto y la parte manifiesta se invierte paradójicamente: el “modelo” habitual, la identidad corporal en cuanto visibilidad representable, se oculta en la menos reconocible de sus formas. Relieve intimista que recuerda aquel de Jasper Johns (Subway, 1965) en donde una rodilla masculina HIS y otra femenina HER se rozan equívocamente (son dos personas o una?) en medio de la intimidad desprevenida ofrecida por el Metro. 

Scheiner
  Por otra parte, los acabados camufladamente pictóricos al óleo (la opacidad tinturada: el sand-blast coloreado que imita el desgaste o abrasión a que son sometidos los instrumentos en un laboratorio) confieren a las piezas un efecto semejante a los Eroded Landscape de Tony Cragg. Una manera de inscribir sobre la transparencia nativa del vidrio una densidad particular, una pátina "alquímica", un registro de fuego corrosivo y sulfuroso, análogo al de las piezas de cerámica, donde se lee un proceso ambiental indeleble. Tal vez enfatizando la idea de que pertenecen a un universo eminentemente activo, de gran interacción material. Mucho más inmediato que cualquier alejada dimensión metafísica o alguna proyección "ideal".



Botella de Klein -modelo topológico
 Tal vez por eso el vínculo establecido entre interioridad y exterioridad, la reversibilidad circulatoria adentro/afuera característica de la conocida botella de Klein (como sucede en Hemisferio), se percibe insistente en muchas de las obras expuestas. La referencia evidente al modelo matemático, la necesidad “científica” de que la forma adopte y revele la función, se basa en una estructura binaria: el positivo/negativo, el macho/hembra implícito en toda topografía pasional. De ahí que no se trata tan sólo de manipular y producir objetos tridimensionales en el sentido de formas que se cierran sobre sí mismas -como sucede en la escultura habitual donde el trabajo sobre la superficie es lo que informa- sino de "dispositivos" o aparatos cuya transparencia ofrece la posibilidad de imaginar los "contenidos" energéticos que circulan y escapan en un tránsito virtual por la interioridad de las piezas.

Scheiner -obras diversas
  Metáforas cristalizadas del cuerpo en lo que tiene de más íntimo y más substancial -no en vano todas proceden del fuego-, las piezas de Michael Scheiner son una colección de órganos vítreos que ejemplifican su funcionamiento enigmático en una lógica propia, mucho más de carácter psicológico y biológico que meramente conceptual. Más que “objetos”, lo que confrontamos son los testigos formales de una operación, los instrumentos de una acción transmutadora que pueden mejor intuirse desde una dimensión temporal. 

---

Nota: Como una excepción a las entradas de este blog, este comentario es inédito. Por alguna razón no logró publicarse coincidiendo con la exhibición.

---

22 enero 2007

Hélène Delprat, su Aventura Inmóvil, y “otra cosa”



Exposición Galería El Museo -Bogotá, 1989

Ex-voto aux ancêtres, 1987
Cuando un pintor europeo dice “Yo pinto, esa es la historia”, el sentido de la frase oscila entre un alguien en primera persona que imprime su registro aqui y ahora y aquella otra persona (genérica, representativa) a través de la cual la historia inscribe, en el mismo lugar, el resultado de todas sus mezclas y sus espectativas. Este doble discurso implica toda la enfática ambivalencia de la modernidad: por un lado, la investidura de su emancipación vanguardista, por el otro, la incalculable irrupción de todos los pasados, de todas las memorias, de la 'diferencia'.








Figures voilées, 1987
La pintura de Hélène Delprat es de esas que se ubican en el extremo de una polaridad que regresa. Su interés se cierne sobre un cierto tipo de recuperaciones arquetípico-religiosas que busca en los rastros formales de las culturas primitivas las huellas de una coherencia ritual, deseable. A diferencia de otros artistas que asumen esa 'interiorización' a partir de elementos más autobiográficos (Beuys, Rothko) o que convocan los elementos críticos de una confrontación intercultural (Alberola), su repertorio sígnico encuentra cierta afinidad con el graffitti neoyorquino de Basquiat y con el tejido esquemático de R.Penk en Alemania, para no hablar de la muy similar diseminación de signos afro-australianos de J.Brown en los Estados Unidos. De este modo, sin tener que detenernos en los servicios formales del arte de Africa y Oceanía a comienzos de siglo donde se ayudó enormemente a la decodificación de los sistemas representativos de occidente, la tradición pictórica en que se inscribe su trabajo le permite desplegar un gran refinamiento de color y factura. Sin embargo, su ávida reconsideración no parece buscar tan sólo el estímulo para derivaciones formales puesto que detrás de todo aquel aparato representativo aparece una dimensión nostálgica sobre el sentido que encierra. Cómo no darse cuenta, entonces, que se trata de una recuperación en términos más amplios?

Qué sentido tendría retomar las historias de una mitología familiar (Diana, Acteón, Ofelia, Narciso), si es precisamente ése el sentido que se quiere eludir? Alberola, que es argelino, firma sus cuadros Acteon Pinxit. De Chirico, por su parte, asume una nostalgia deliberada a comienzos del siglo XX, cuando la mayoria de los artistas europeos buscaban disolver su identidad aligerando así su carga memoriosa. De modo que, por un lado, tenemos la necesidad de un anclaje significativo, congruente, y por el otro, la urgencia de un extrañamiento como recurso para oxigenar estructuras fatigadas de representarse a ellas mismas.

Los títulos que Delprat utiliza para sus exposiciones (Selvas y Lobos, Iniciaciones, Caja Negra, La Aventura Inmóvil...) invocan la dimensión arcaica, animista, de las religiones primitivas donde la amplitud y la ambigüedad de sus “historias” deja el campo abierto a la ceremonia de lo propiamente pictórico. Y es precisamente porque la pintura se asienta fundamentalmente en su materialidad por lo que es solicitada para establecer una toma de contacto con una realidad perdida. No en vano uno de los aspectos más dramáticos en el desarrollo de la civilización occidental es el que haya tenido que construirse sobre el detrimento gradual de “otra cosa” -como quien se apoya, para impulsarse, en una negación. Ahora, cuando es esa misma cultura la que padece la sensación de su propio detrimento, aquella ‘otra cosa” reaparece como una alternativa paradójica. Pero, hay acceso?

Por su parte, Hélène Delprat dice que hay que “pintar o romper un muro”. En otras palabras, lo que la buena pintura siempre ha hecho.

MCA

---

21 enero 2007

Verónica para una semana de pasión



Exposición Generación Intermedia.
Biblioteca Luis Angel Arango, 1998


Luis Fernando Rodríguez (El Pollo) 


Corona de sol en lo alto, o en su defecto, un poderoso bombillo al estilo Guernica

Al centro del ruedo, una muchacha con las manos extendidas aguarda la embestida de un bello rostro doliente. Especie de bailarina gitana a la vereda del camino suplicial con su impecable camisa bordada camino del calvario, que chorrea... Pues sabe que si no se unta no pinta, y aunque no le hayan visto pinceles en la mano, su nombre traduce la imagen verdadera.




Y si la pintura es cuestión de trapos, qué otra figura podría mostrarnos de la famosa "faena" nacional con gente congénita berreando y maldiciendo todavía, como cualquier nueve de abril, todos vestidos a la insulsa manera política bajo un lindo sol agropecuario. Atestando la amplitud de las plazas con revolución de sirenas y frases estridentes, extrañamente impávidos al repertorio cotidiano de los atardeceres; arremetiendo, a fondo, contra las muy inocentes verduras del campo; esculcando en todo aquello el dividendo y el multiplicando; hurgando con rabia iracunda las anatomías del dolor ajeno, buscando entre tanto amasijo el espejito sangriento de todas las cédulas y sus identidades.

Pero esas imágenes pasan y no se depositan. La memoria que les corresponde desaparece en la cinta veloz, indiscernible, de los videos y las rotativas. Para eso se requiere otro Tiempo, otro Espectador, otro que coja la muleta y se le mida al ambiente de fondo embadurnando los magentas esenciales con despojos obsesivos. Como decir que cada tela es un retrato, una suma cuidadosa de todas las partes del toro.

MCA
26-04-98

---

20 enero 2007

Francisco (Kiko) Fernández


I -Reticencias

Exposición Centro Colombo Americano. Bogotá, 1994


Dígame usted, señor, no es el día igual de largo que de corto? Quiero decir, no tiene la misma longitud? –Lewis Carroll


Lo que resulta exitante en la situación paradójica planteada por Carroll es esa misma TENSIÓN que percibimos como necesaria al destello de su solución imaginaria. No lo uno o lo otro, sino la intuición de una alianza o de una anulación irrepresentable donde uno de los términos se permitiera (por alusión o "reticencia") el desbordamiento callado del papel en blanco; logrando de este modo el gesto de perfecto equilibrio frente a cualquier escogencia.

Frente al acto o el silencio, en aquel esbozo de tragedia, surge entonces el placer del no sometimiento a la pregunta que divide. El SINSENTIDO, ahí, lejos del cráneo que mide, arroja su aura de artisticidad. El sentido común (su duda implícita) puede entonces redimirse a partir del vértigo impecable de todo posible. Sensación “analfabética” o especie de jardín no plantado, pero que regamos con sólo mirarlo.



II -Pinturas "de oido"

Exposición Galería Garcés Velázquez, Bogotá, 2005














Cuando Francisco (Kiko) Fernández dice que decidió “despojar la imagen de toda referencia externa para buscar una obra que no tuviera nada que ver con la representación”, no está necesariamente sugiriendo que su pintura es abstracta. Cuando dice, en cambio, que le llamó la atención “trabajar con las posibilidades que puede brindar la serialidad” y que “a traves de articular las imágenes se puede generar una organización que posibilite variantes, reordenaciones, que renueve significados y desintegre lecturas”, está declarando (en cinético) el sentido probable de sus curiosas pinturas.

Curiosas porque más allá de la evidencia que ofrecen al ojo las aplanadas superficies, su pintura, a mi modo de ver, no corresponde exclusivamente a un planteamiento visual.

Los patrones rítmicos que determinan sus pinceladas matemáticas (trazos rectos que se describen a sí mismos como “veladuras”), asi como la multiplicidad de transparencias cruzadas que generan, terminan produciendo, más que un objeto, el efecto atmosférico de una ‘cortina’ tejida sobre un campo de luz. Como si en lugar de mostrarnos directamente la figura en la imagen tuvieramos que intuirla desplazada, sumergida extrañamente en el fondo luminoso del cuadro. Interceptando con las veladuras la posibilidad de un evento visual ‘detrás del vidrio’; de aquello que pudiera aparecer representado en pintura, capturado.

[¿Será que en la velocidad ambiental en la cual se sumerge el objeto, el deseo prescinde del tacto y la necesidad de atrapar se virtualiza?]

Kiko, el sujeto que pinta (y su mano) desaparece también, camuflado, en la impecabilidad ‘tecnológica’ del procedimiento. Antes que proyectarse sobre el registro inmediato y material, impregnando los rastros del trabajo con cualquier ‘temperatura’, el artista reproduce la particularidad emotiva del espacio mental en que se desenvuelve. No ya el telón de fondo, escenográfico, para una figura central, definida; sino más bien la inquietud temporal, electrizada, que corresponde a su calculada, inteligente y muy personal coreografía.

En este sentido, podemos suponer que las pinturas seriales de Francisco Fernández podrían muy bien representar una imagen acústica; la ‘partitura’ de un lenguaje de ritmo donde lo visual y su imagen, como referencia afectiva, se ven sutilmente desplazados por la eficacia estructural de un tejido sonoro. Especie de capullo resonante donde un enjambre de ‘frecuencias moduladas’ ejerce el efecto cuasi-amniótico de un hipnotismo ritual, contemporáneo.

---

(English version)

Painting ‘for the ear’


When Francisco (Kiko) Fernández says that he decided to “strip the image of all external references so as to find an oeuvre that would have nothing to do with representation,” he is not necessarily suggesting that his painting is an abstract one. Instead, when he says that he was interested in “working with the possibilities offered by serial rendering,” and that “the articulation of images may generate an organization that allows for variants, reorderings, renovation of meanings and disintegration of readings,” he is declaring the probable meaning of his curious paintings.

‘Curious’ because, beyond the visual evidence of their flat surfaces, his paintings -to my mind- do not correspond exclusively to a visual statement.

The rhythmic patrons that determine his mathematical brushstrokes (unswerving traces that describe themselves as “transparencies”), as do the multiple intersecting effects generated by the brushstrokes, end up producing -more than an object- the atmospheric effect of a ‘curtain’ woven over a field of light. Instead of directly showing us a figure on the surface, the paradoxical brushstrokes suggest her displacement into the luminous background of the canvas, while intercepting what could appear represented or ‘captured’ in painting, thus effacing the possibility of a visual event ‘behind the glass.’

[Could it be that in the atmospheric speed in which contemporary objects are submerged, desire dispenses with touch and the need of ‘capturing’ becomes virtualized?]

Kiko, the subject that paints, also disappears, as does his hand, camouflaged in the impecable ‘technology’ of the process. Rather than proyecting himself onto the immediate and material register or impregnating the traces with any personal ‘temperature,’ the artist reproduces the emotional particularity of the mental space in which he moves. It is not so much the scenic, background curtain for a centrally defined figure, but rather a temporal and electrified disquiet that corresponds to his precise, intelligent, and very personal choreography.

In this sense, we may suppose that the serial paintings of Francisco Fernández could well represent an acoustic image: the ‘score’ of a rhythmic language where visuality and its image, as an affective reference, are subtly displaced by the structural efficiency of a sonorous embroidery. A type of resounding cocoon where a swarm of ‘modulated frequencies’ exerts the quasi-amniotic effect of a hypnotic, contemporary ambiance.

(Traducción: Patricia Zalamea)

---
---

15 enero 2007

Otro Salón (en Medellín)



Publicado en el MAGAZIN DOMINICAL de El Espectador #723 (23.03.97)



















Cuando la necesidad y las ganas de hacer algo se presentan bajo el rótulo de Festival Internacional de Arte Ciudad de Medellín, SALON NACIONAL, nuevos valores en el arte, 1997, no es difícil darse cuenta que la energía y una cierta ingenuidad pueden darse al mismo tiempo. Energía, porque la conocemos, pura idiosincrasia en acción, ingenuidad, porque en un gesto de desafío entusiasta (poco reflexivo) termina por ocurrírseles la idea de lo que constituye, sin más, un Salón. La obviedad es tal, que la voluntad de actuar con autonomía termina por declararse en el más previsible de los  convencionalismos, replicando la estructura formal de ese espectáculo desueto en que se han convertido los Salones Nacionales, vengan de donde vengan.

Los equívocos folletos que promueven el evento -con su aspecto cívico metropolitano, tipo empresa de energía eléctrica o teléfonía celular- ostentan tema y slogan en total consecuencia con la oficialidad que suelen tener los patrocinios: “Arte y Ciudad” y “La esencia del arte es libertad”. Dos lugares comunes que ilustran con suficiencia hasta dónde se puede llegar en la asimilación, sin resistencias, de lo inmediato. Como si el sólo hecho de reproducir la idea genérica de lo que es un Salón bastara para hacer “otro”.

“Difundir la obra de los nuevos creadores de las artes plásticas en Colombia”, más precisamente, “promover nuevos valores”, no deja de ser un propósito discutible. ¿Quién dijo que un valor, un nuevo valor, en arte, aparece “como si nada”, salido de la cornucopia del escudo nacional como un producto de una fábrica, amparado por el mito contemporáneo de que los jóvenes, por el sólo hecho de serlo, tienen la capacidad espontánea de generarlo? ¿Qué será, en últimas, lo que se entiende por “valor”? Si se trata de la aparición de una nueva figura sobre la escena, figurantes no han de faltar -tampoco pretextos-, pero si consiste en la aparición de un planteamiento singular, significativo, la exigencia es completamente de otro órden.

Pero supongamos por un momento que esto pudiera suceder. Dudo mucho, entonces, que un tal “valor” pueda detectarse de inmediato. Al no darse el contexto adecuado (nuestro medio cultural) que permita la apreciación de la nueva obra en el sistema de relaciones que ella misma genera, el reconocimiento de hitos creativos, de novedades reales, opera por lo general a posteriori, después de un tiempo en el cual pueda percibirse articulada a partir de la personalidad que la produjo y la historia en que se inscribe. De modo que si se está promoviendo un “nuevo valor” lo más probable es que nadie sepa en qué consiste, y, lo que es más curioso, que la obra capaz de representarlo, camuflada en su misma singularidad, no sea notada en absoluto.

Porque una cosa es reconocer un nuevo valor, y otra, instituirlo. Por eso ningún evento garantiza que lo primero suceda a partir de la simple intencionalidad del aparataje crítico especializado y el ritual selectivo dispuesto para tal efecto. El que un Salón Nacional pretenda, olímpicamente, instituir valores a partir de su plataforma oficial de lanzamiento no pasa de ser una hipótesis de trabajo, una “política cultural” que quiere jugar con un poder que sencillamente no le corresponde. La prueba está en que el tiempo generalmente los desmiente relativizando con implacable precisión lo que de ese modo pretende.

El arte no opera así (quiero decir, el arte, no el mundo del arte, que son dos cosas distintas). El arte por lo general, prescinde de intencionalidad, de voluntad autoconciente con respecto a una realidad inmediata. Su tiempo es un tiempo diferido, alterno, intuitivamente decantado. Sin embargo, el prototipo del artista actual es el de un adolescente que precisamente 'adolesce' la actualidad, en cuanto padece lo inmediato como una barrera con la cual se identifica sin poderla transparentar ni trascender. Tal vez será por eso que sus audacias resultan tan predecibles al no ir más allá de lo ilustrativo, de lo actual instaurado en ese mundo del arte en el que invariablemente se incluye. Como si no existiera la posibilidad de otra opción capaz de 'contextualizar' sus propuestas.

La estadística demuestra la fragilidad de estas ocurrencias respaldadas por mecanismos de mediatización o mercado. Lo que de esta manera se promueve no se sostiene en el tiempo. Tanto así que una simple entrevista personal, una confrontación detenida, directa, que verifique la consistencia del artista en cuestión, basta para poner al descubierto la precariedad de su invento.

No hay tal cosa, entonces, como un nuevo valor manifestado de manera concreta en la escena preconcebida del teatro. El principio es otro: la regla del arte es siempre la excepción. No puede invitarse deliberadamente a la precisa y puntual aparición del milagro.

Si hablamos de estos temas aprovechando la incomodidad, por exceso, de otro Salón Nacional, es para resaltar la inercia que de manera desapercibida, inconciente, acompaña a estos intentos fallidos de resucitar (o instaurar) una conducta cultural por decreto a punta de eventos que supuestamente la favorecen.

Para qué otro Salón, entonces, si no es para darle continuidad a la contradicción entre viejas ceremonias de consagración (más típicas del diecinueve) y la naturaleza de un arte en busca de nuevas formas de actividad y  difusión? Para qué insistir, si lo único que se obtiene, aparte de la dudosa satisfacción de haber hecho 'otra vez' la cosa, es neutralizar la espontaneidad de los procesos creativos en la formaleta de la infraestructura que lo promueve?

Y es precisamente porque ya no resulta factible, que valdría la pena considerar de qué manera podría el 'mundo del arte' extender su territorio más allá de sí mismo, replanteándose sobre otras actividades para interceptarlas, así no sea más que para incorporarles –tal y como corresponde a sus funciones arcaicas– algo de natural enajenamiento.

---

13 enero 2007

Eros & Tanathos: Ex-Libris Images as a Cultural Wallpaper



A powerpoint conference at the FISAE Congress XXXI (Fédération International des Societés d'Amateurs d'Ex-libris), Nyon, Switzerland, 23-27 august 2006.





















To see details go to : http://www.fisae.org/talksanddeb.htm

*Versión en español, en proceso.

---

15 septiembre 2006

Beheadings und Telegrafía


Cabezas que caen, ojos que vuelan

Una interpretación visual de El Melómano de Méliès, 1903

El arte de la interpretación (3 episodios). Programa TV Studio Magazine Cinematográfico, Canal 3, 1995. Santa Fe de Bogotá / El texto resulta de una invitación de Diego Carrizosa a participar en su programa, lo que derivó en una  delirante secuencia de imágenes sugerida por la extraña película. Esta es la versión escrita y aquí la visual.
 
 
Publicado en la revista Estrategia Económica y Financiera, diciembre 31 de 1995


 Más que un autor a la antigua, Georges 'Geo' Méliès (1861-1938) mago y cineasta conocido como el pionero de los efectos cinematográficos, fue el prolífico e imaginativo inventor, a la moderna, de películas del siguiente calibre :

Los Rayos X, Fausto en el Infierno, Desdoblamiento Cabalístico, Transmutaciones Imperceptibles, La Bailarina Microscópica, El Hotel Envenenado, Alucinación Farmaceútica, Desventuras de un Aeronauta, El Batallón Elástico, Fotografía Eléctrica a Distancia, Los Caballeros del Cloroformo, y La Serpiente de la Calle de la Luna.

Nombres que invitan a un espectáculo de revelaciones bajo carpas de circo clandestino, o como dicen los escritores, en 'barracas de feria' donde, paralelamente a los salones 'iluminados' de la Cultura conciente, se cultiva la lucidez en las venenosas maravillas de lo raro. Química popular del moderno experimento –juegos faústicos– recreaciones científicas que antecedieron nuestra domesticación televisiva.

Como en cualquier cabeza de artista, la delirante imaginación de Méliès parece girar alrededor de algunas obsesiones diseminadas en una filmografía de más de 500 títulos donde Cabezas y Diablos se alternan en un repertorio esencial al lenguaje ilusionista de la magia :

El Hombre con Cabezas, cuatro cabezas reemplazadas, una sobre otra, en una sobreimpresión de identidades repentinas. La famosa El Viaje a la Luna, cabezas que emergen de estrellas como conejos brotando de un hondo cubilete, actualizada en reciente versión de Las Aventuras del Barón de Munchhausen. El Melómano, cabezas como pájaros que cantan posadas en cuerdas telegráficas. Ejecución de un Espia, cayendo en canastos, escena de guillotina cuyo realismo produjo la primera censura oficial en la historia del cine. El Terrible Verdugo Turco, cuatro decapitaciones simultáneas y un solo golpe de espada. El Hombre con Cabeza de Caucho donde la gesticulante cabeza de Méliès se infla como un globo para terminar explotando... et cétera.

En cuanto a su obsesión con los múltiples quehaceres del diablo, la lista parcial es esta :

Magia Diabólica, El Gabinete de Mefistófeles, El Huevo del Hechicero, La Escuela Infernal, La Isla del Diablo, El Diablo en el Convento, El Buen Diablillo, Los Tesoros de Satanás, El Diablo Gigante, El Diablo Negro, Las Hijas del Diablo, El Inquilino Diabólico, Satanás en Prisión, Los Cuatrocientos Trucos del Diablo, Cuadro Diabólico... Para citar sólo algunas donde el asunto aparece declarado, pero ni mucho menos agota el repertorio de referencias abracadabrantes de este mago convertido en cineasta, cuando compró el teatro del famoso ilusionista Robert Houdin en 1888.

















En El Melómano (1903), brevísima película muda sobre un tema musical de 2:45, el mismo Méliès aparece en medio de un paisaje enmarcado por un par de postes telegráficos gesticulando como quien presenta una escena teatral. Acto seguido, se arranca la cabeza arrojándola hacia las cuerdas del telégrafo donde continúa haciendo muecas separada del cuerpo. Las cuerdas, acompañadas por una clave de Sol, forman un pentagrama gigante sobre el cual se inscribe la cabeza voladora como una nota musical en una partitura. Enseguida, con gran naturalidad, una nueva cabeza emerge milagrosamente de su cuello, y luego de desplazarse levemente a la derecha se la quita para arrojarla de nuevo... Después de una serie de autodecapitaciones burlescas unas señoritas se sitúan bajo el pentagrama portando cada una un cartón marcado con el nombre de una nota: UT, RE, SI, UT, RE / MI, MI, FA, MI, RE, UT / RE, UT, SI, UT, mientras Méliès ejecuta visualmente God Save the King, el himno británico, que es lo que finalmente 'cantan' las cabezas antes de transformarse en golondrinas que se hechan a volar!

La escena es extrañamente frenética y fluida, sorprendente. En su concentrada significación la película transcurre como uno de esos sueños que entendemos mientras estamos dormidos pero que no logramos descifrar a menos que permanezcamos en ese estado de duermevela, como espectadores atentos al espectáculo que nosotros mismos proyectamos, y donde parece que un secreto importante está a punto de ser revelado.


Globos y decapitaciones 

En 1783, a finales del XVIII, los hermanos franceses Joseph Michel y Jacques Étiene Montgolfier hicieron una demostración de su invento ante el Rey llevando en el globo (montgolfier) como pasajeros, un pato, una oveja y un gallo (la primera vez que un gallo volaba y un pato lo hacía sin tener que mover las alas). Ese mismo año, el médico Jean-François Pilâtre de Rozier y el noble François Laurent d'Arlandes se convirtieron en los primeros seres humanos que se elevaron en el aire.

En 1793, diez años más tarde, se llevó a cabo la revolucionaria decapitación de Luis XVI en la guillotina, y treinta años más, el asunto era ‘tema’: a un pintor romántico como Géricault le da por ambientar su estudio con 'naturalezas muertas' cuyos horripilantes modelos se hacía llevar de manera clandestina, compuestas literalmente con cabezas de decapitados y fragmentos anatómicos de algunos condenados. Castigo de ‘dispersión’ compensatoria a que eran sometidos quienes atentaban contra la integridad del Monarca.

study of feet and hands, c.1818-19



La guillotina invierte los datos tradicionales. Ya no es solamente el instrumento de una de-teologización del universo sino el instrumento de una cosmología negativa. A la jerarquía de las sociedades cerradas, ella opone desde entonces la igualdad de todos frente a la muerte (...) En este simbolismo, la cabeza cortada debería manifestar menos el temor de la pérdida y el duelo del Padre que la aparición de la matriz original, de la Magna Mater, la materia prima de donde nacerá el cuerpo social.

El orden instaurado es otro: la cabeza que mira es ahora mirada, levantada ante el pueblo como una medusa que ya no paraliza.

Coronaciones y decapitaciones son las dos caras de un mismo gesto. Méliès, a propósito de la primera, realizó la muy democrática Si J’étais le Roi (Si Yo Fuera Rey, 1910); y en Le Sacre d‘Eduard VII (La Coronación de Eduardo VII, 1902) recreó y filmó la coronación del Rey –en estudio– antes de que tuviera lugar el evento Real.

Napoleón, por su parte, en una actitud de moderna e imperiosa autonomía, declinando la imposición de un poder que no procediera de sus manos, se corona con las suyas prescindiendo de al menos una de las cinco secciones rituales en que consisten las coronaciones: el momento en que el nuevo monarca “rinde homenaje a las autoridades temporales y espirituales.” [1] Su arrogancia resulta entonces ‘popular’ de la misma manera que todos los Egos (como en el sanatorio) resultan napoleónicos.

Según Freud, "El rey sobrevivió a la caida de los reyes bajo la forma de un rey interno. El héroe de novelas y ensoñaciones, es su majestad el Ego." Pero la cabeza del rey Luis cae, produciendo una insospechada y brutal liberación de energía. Como si al romperse el dique monárquico, ese Yo conciente, esa cabeza coronada, unas fuerzas oscuras terminaran proyectadas sobre la escena como un tropel de caballos desbocados.

En sólo seis años se anticipó la exitosa "expansión de los gases" del globo Montgolfier a la Declaración de Derechos firmada el 26 de agosto de 1789, el año en que el señor Guillotin propuso su eficaz invento. Y mientras que algunos "interpretaban el fuerte énfasis en los derechos individuales como una expresión de la doctrina Calvinista de la libertad de conciencia", nosotros sospechamos, más bien, la inevitable expansión de una "libertad de inconciencia" aún no formulada.


Caballos y trenes

El caballo, junto con el desnudo, siempre ha sido una de las formas favoritas del arte. "Símbolo del psiquismo inconciente o de la psique no humana; asociado al arquetipo de la Madre en cuanto memoria del mundo, el caballo es el animal de las tinieblas y de los poderes mágicos así como de la impetuosidad del deseo".

Géricault nuevamente, interesado en el movimiento, es quien propone este animal en su más sintomática presencia. En el conocido Derby de Epson (1821), una de sus innumerables pinturas ecuestres, cuatro jockeys flotan suspendidos con sus cabalgaduras como si jamás hubieran tocado el césped en ese día oscuro cargado de premoniciones.

¿No tuvo acaso que ver el desarrollo del cine con una apuesta sobre si los cascos de un caballo trotando al límite de su velocidad pudieran verse todos, instantáneamente, separados del suelo?


El experimento fotográfico que Muybridge realizó para comprobarlo en la primavera de 1872, en Sacramento, California, en el rancho de su protector Leland Stanford (magnate de los ferrocarriles), transó de una vez por todas a favor de quienes suponían “un período de tránsito sin soporte ('unsupported transit')”. Es decir, la levitación simultánea de los cascos representada anticipadamente por Géricault. Tal y como celebraba un periódico de la época la novedad de estas revelaciones fotográficas a propósito de la nitidez con que se percibían los radios en las ruedas de los carretines:

“...the result was a novelty in photographic art, and a delineation of speed wich the eye cannot catch. At 2:27 the spokes of a sulky are invisible to the eye, as they spin around to fast that, taken separately, they are not distinguishable. The photograph shows each plainly, without blur”.

En febrero de 1804, la primera locomotora había sido puesta en operación en el sur de Gales, y no fue hasta 1825 que Stephenson inauguró la primera línea férrea para carga y pasajeros. El tren aparece entonces en escena y Turner lo pinta por primera vez en Lluvia, Vapor, Velocidad, su famoso cuadro de 1843. Título preciso en su encadenada secuencia de fenómeno atmosférico, energía aplicada y movimiento, describiendo en tres palabras la totalidad del proceso. Como si toda la letra implicada en el manifiesto de las declaraciones verbales viniera a resolverse en una sensación leída en lo más íntimo del cuerpo. Imagen dinámica donde la insólita presencia de una máquina (verdadera Anunciación industrial) vendría a traducir el espíritu implicado en cualquier Revolución.

Significativamente, el cuadro de Turner fue pintado un año antes de que fuera instalada la primera línea de telégrafo en 1844. Invención que resuena años más tarde en las declaraciones del capitán Nemo, personaje de Julio Verne y creador del Nautilus (bautizado en homenaje al submarino inventado por Fulton 70 años antes) cuando reconoce que en su nave alimentada por baterías "hay un agente poderoso el cual es el alma de mis dispositivos mecánicos. Ese agente es la electricidad". 

Mientras que Theniel (ilustrador por excelencia de las Alicias de Carroll) nos muestra a los dioses del vapor y del carbón preguntándose como un par de intrigados Reyes Magos sobre el nacimiento y el futuro de esta nueva criatura y sus impredecibles poderes energéticos.

O sea que de caballos y trenes, de la fuerza animal potenciada en vapor, pasamos a un tipo insólito de energía que, como enseña ejemplarmente Frankenstein, todo lo anima. Y así como el tren aparece ligado a la materialidad de los cuerpos, al transporte evidente de su peso, el "transporte" eléctrico no sólo es mágicamente instantáneo (como la fotografía) sino que resulta inmaterial como el pensamiento, cuya sede tradicional es la cabeza.

Tal vez para el mago inconciente, para el Méliès que imagina adoptando un sentimiento colectivo, el recuerdo profundamente instalado de la decapitación de una cabeza coronada, haya terminado por aligerar la carga ancestral, el lastre psíquico que percibimos en los caballos inquietos de la pintura romántica.

Cabeza ruidosamente proyectada –como el corcho triunfante del champán– en un transpaso súbito de cabalgaduras al galope mecánico del tren, experimentando por primera vez en la historia la insólita velocidad inaugural con su sucesión de imágenes cinemáticas en una secuencia como de sueños.


Cabezas que caen, ojos que vuelan

La velocidad busca el vuelo. La imagen de Nadar fotografiando Paris desde su globo, caricaturizada por Daumier, así lo muestra: si la cámara es el ojo sostenido entre las manos, también es la cabeza que ahora se levanta extendiendo su mirada panorámica 'a vuelo de pájaro', mientras el sombrero de copa (atributo de las cabezas masculinas del siglo diecinueve) vuela libremente 'decapitado' por el viento. El que viene a transformarse simbólicamente en la litografía de Redón, L’Oeil, comme un ballon bizarre se dirige vers l’infini (1882). Donde el ojo se hipertrofia en un globo que arrastra en su ascención la cabeza,colocada sobre un plato, desprendiéndose aún más radicalmente del cuerpo.

Orfeo, Jean Delville
En algunas imágenes de la decapitación de San Juan el Bautista o el desmembramiento de Orfeo, o porqué no, aquella del retrato compasivo que le hace a Cristo la Verónica, la cabeza separada brilla con un resplandor fosfórico. Cabeza-astro en el cuadro enjoyado de Moreau, disuelta en vibraciones de color según el tratamiento simbolista de Redon, o como la puso el poeta Laforgue, sostenida sobre el acantilado en los brazos no muy consistentes de su elocuente Salomé.

Or la, sur un coussin, parmi les débris de la lyre d’ébene, la tête de Jean (comme jadis celle d’Orphée) brillait, enduite de phosphore, lavée, fardée, frisée, faisant rictus a ces vingt-quatre millions d’astres.” ("Y ahora allí, sobre un cojín, entre los restos de la lira de ébano, la cabeza de Juan (como antaño la de Orfeo) brillaba, bañada de fósforo, lavada, maquillada, ajada, haciendo rictus a aquellos ochenta millones de astros.").

 Como si a la sede del pensamiento se le atribuyera ahora, más que un aura metafísica, el destello electrizado de su actividad.

Mallarmé, en su Cántico del Bautista, sintetiza el momento soberano en que la espada o el hacha la separa del cuerpo:

El sol que su detención
Sobrenatural exalta
Vuelve a caer enseguida
Incandescente

Yo siento en las vértebras
El desplegarse de tinieblas
Todas en un estremecimiento
Al unísono

Y mi cabeza surgida
Solitario vigía
En los triunfales vuelos
De esta hoz

Como ruptura franca
Tan pronto rechaza o zanja
Los viejos desacuerdos
Con el cuerpo

Que ella ebria de ayunos
Se obstina en seguir
En un turbado brinco
Su pura mirada

(...)


El lenguaje de los pájaros

Comic Art # 8 cover by Richard McGuire
the bird is the word
De lo teológico pasamos a lo tecnológico. Fenómenos como ubicuidad, telepatía, instantaneidad, desmaterialización, multiplicación, apariciones y levitaciones (como en los trucos de magia) ya no serán milagros religiosos o esotéricos sino que corren por cuenta de los 'efectos especiales' de la ciencia.

A la nueva criatura mecánica, a la 'hija nacida sin madre' (fille neé sans mêre, como la llamaban Duchamp y Picabia), a la máquina estimulada por los nuevos poderes de una musa científica lo que le faltaba no era más que el soplo, el principio luminoso, la descarga integral que animara sus entrañas.

Siguiendo los dictados de una lógica poética impecable (1903 fue también el año del vuelo inaugural de los hermanos Wright convirtiendo a los aviadores en los nuevos 'reyes del aire'), las ingrávidas y múltiples cabezas de Méliès terminan por posarse sobre las cuerdas del telégrafo correspondiendo a esa imagen subliminal por todos conocida, y por todos ignorada, de aves sobre una partitura de cuerdas. Lo que sigue es el transporte instantáneo, a la velocidad de la luz, de estas 'reproducciones mecánicas' mientras cantan God Save the King en total correspondencia.

En cuanto a la coronación, ella es la metáfora revolucionaria de todo el proceso: si la cabeza Real cae políticamente es para ser levantada científicamente como la popularización tecnológica de su luminosidad. Es así como en virtud de esta progresiva desmaterialización (“unsupported transit”), el antíguo dios de los hogares sale de la chimenea para convertirse en un fantasma ubicuo, electrodoméstico. Lo que sigue es un intenso, doloroso acomodo, en el cual el Lenguaje de los Pájaros, el argot del pentecostés inconciente, es la poética lengua de fuego que se instala una vez hayamos 'perdido la cabeza'.

Como dijo Joyce en la última de sus palabras trueno (thunderclaps, palabras de cien letras) que premonitoriamente pautan su telegráfico-nocturno último libro:

...Ullhodturdenweirmudgaardgringnirurdrmolnirfenrirlu
kkilokkibaugimandodrrerinsurtkrinmgernrackinarockar! Thor's for yo!


The hundredlettered name again, last word of perfect language. But you could come near it, we do suppose, strong Shaun O', we foresupposed. How?




El fluido ensamblaba los telégrafos, corría como una serpiente de fuego sobre las almenas
de las torres, brincaba por encima de las flechas de las catedrales
. -Grandville (1803-1847), Otros Mundos




Notas


[1] Según la doctrina del Derecho Divino de los Reyes -en la cual los soberanos son representantes de Dios “derivando su derecho a gobernar directamente de éste- su poder no está sujeto a limitaciones seculares; ya que sólo él sería responsable ante Dios. En el siglo XVII, esta doctrina estaba respaldada por los Royalistas ingleses contra los Parlamentarios, quienes mantenían que el ejercicio del poder político surgía de la voluntad del pueblo. La controversia, terminada en 1689, siguió a la Gloriosa Revolución en la cual Guillermo III y María II fueron coronados luego de conceder aceptación al Acta de Tolerancia y a la Declararación de los Derechos, los ‘Bill of Rights’. La doctrina del Derecho Divino, asumida plenamente por Luis XIV, fue uno de los elementos que condujeron a la Revolución Francesa”.

-

Anexos


Edouard Chevret, Album comique. La Perroquettomanie, 1861


Mientras que los muchachos trepaban al pararrayos, Poitevin, en una ascensión ecuestre, atrapa de paso la jaula del loro y se la lleva

Frusquillard quiere arrancarse el cabello, pero el inconveniente de llevar una peluca le impide este alivio pleno

Esta nueva decepción lleva el colmo a su desespero y le hace perder la cabeza al momento en que iba a colocarse otra vez la peluca

Primera visión – Frusquillard, cuya cabeza a desaparecido, ve comenzar para él una larga serie de visiones abracadabrantes, al hilo de las cuales sin embargo se amarran sus impresiones pasadas

Segunda visión – Al paroxismo de la demencia sucede una postración horrenda durante la cual Frusquillard ve redondearse los domos como jaulas de loro

Tercera visión – Los domos de la ciudad, erizándose de pararrayos, son transformados al instante el erizos gigantes 






Albert Robida, Electricité (the great slave)


---